Las ediciones especiales acababan de pasar y la fiebre de Star Wars estaba muy fuerte en mi. De hecho, era lo único que mataba el dolor de acontecimientos recientes. Me mantenía cuerdo. Todos sabíamos que el Episodio I estaba en camino y la emoción era grande. Las tiendas y restaurantes de comida rápida estaban abarrotados de publicidad y todos mis amigos hablaban de la película.

A pesar de que no soy coleccionista, me dediqué a juntar todo lo que podía. Desde empaques de galletas, hasta figuras de acción. Leía todo lo que podía y el mensaje era claro: Star Wars regresaba a las pantallas con una nueva aventura… el principio de la aventura.

La emoción ya era fuerte cuando, de pronto, un día recibí por mail la noticia de que el teaser trailer ya estaba en línea. Mi estómago sintió vértigo  y al llegar a casa lo comencé a bajar. La velocidad de conexión era muy mala en esos días, así que tardó mucho más tiempo del que mis nervios podían aguatar. Cuando el download estuvo completo le subí el volumen a mi Mac y lo dejé correr. 

Imágenes rápidas, música alucinante y el final con una explosión que envolvía a unos droides. Muy corto. Lo vi de nuevo. Y de nuevo. Hacía teorías sobre la historia y los personajes. La expectativa sólo crecía cada momento.

Las semanas pasaron lentas y mis amigos y yo consumíamos todo lo que se pudiera. Yo trataba de no leer demasiado porque no quería spoilers.

El segundo trailer salió en línea y recuerdo cómo toda la oficina se juntó, en silencio, en mi escritorio para verlo. 

La voz decididamente áspera y misteriosa de Darth Maul sonaba en mi mente: “At last we will reveal ourselves to the Jedi. At last we will have revenge.” Maldición. Eso era lo más cool que había escuchado en mucho tiempo.

El día de estreno llegó después de comerme las uñas por meses. Salí temprano de trabajar y me lancé al cine a hacer fila. El ambiente era de fiesta. Había gente disfrazada, peleas de sables de luz y yo estaba sosteniendo pláticas con todo el mundo. 

Cuando la fila empezó a avanzar sentí vértigo. Entramos a la sala y tomé asiento. Los minutos eran siglos. Las luces se apagaron y la gente se volvió loca. Se escuchó la fanfarria de la Fox y la gente aplaudía. El logo de Lucasfilm y muchos nos paramos a aplaudir.

Explosión de música y logo de Star Wars… todos gritamos y aplaudimos. Yo, como de costumbre, estaba llorando. Era imposible que los espectadores mantuviéramos la calma. La película transcurrió entre gritos y el final fue de aplauso. 

Y terminé agotado. Y eufórico. 

Star Wars había regresado de la manera más grande y yo había formado parte de todo eso.

Dos días después regresé al cine y la experiencia fue la misma. Y la siguiente vez igual. Sin embargo, poco a poco iba analizando más la historia, visuales, música, fotografía… todo lo que nos enseñaron en la escuela, pero eso ya no importaba. Lo que seguía era esperar la siguiente película.

La razón de escribir todo esto es porque lo había olvidado.

Siempre que discuto con mis amigos y compañeros de oficina sobre Episodio I, parece ser que soy el único al que sí le gustó. Todos toman la pose de ser grandes expertos teóricos de cine y de Star Wars y dicen que EI es mala. Que Lucas arruinó Star Wars. Que Jar-Jar es un tarado. Que el final está del nabo (¿o debería decir “del Naboo”?). Que Lucas apesta como director. Que los diálogos… y cualquier número de factores.

La realidad es que, como artista, Lucas tiene toda mi admiración. Hizo lo que se vino en gana con su obra intelectual y le quedó muy bien. Yo, como artista gráfico, respeto esa decisión porque es muy raro que yo pueda hacer algo con lo que me sienta 100% a gusto. Siempre hay que bajar la cabeza por quien paga mi sueldo. Lucas se liberó de eso hace muchos años y se ganó el derecho de ser creativo con sus propios medios.

Y es que parece que a la gente se le olvidó lo más importante. Star Wars no es filosofía. No es cine de arte. No es escritura sagrada. No son clases de moral, ni de religión, ni de artes marciales. 

Star Wars es una montaña rusa que mueve nuestras fibras y sentimientos en un paseo lleno de rayos de color, emocionantes peleas, mundos exóticos y velocidad.

Star Wars es diversión pura y simple.

Y esa es la razón por la cual Episodio I ocupa un lugar importante en mis películas favoritas y la recuerdo con mucho cariño.

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