Ninguno de los dos sabía en realidad lo que había en el baño porque nunca en sus vidas habían, si quiera, visto algo semejante o sabido de un caso igual. El conocimiento más grande de ciencia que tenían era gracias a que Andrés había visto algunos episodios de Viaje a las Estrellas con una ex novia. Claro que nunca lo admitiría la existencia de una ex frente a Pimienta, pero a veces él hablaba de temas de ciencia como viajes en el tiempo o el holodeck.
En realidad no entendía nada de lo que decía, pero funcionaba perfectamente para impresionar a Pimienta.
Ella, como buena católica, sólo se preguntaba porqué Dios le había mandado un torbellino infernal al excusado. Él como, buen hombre sin idea de pensamiento crítico, no quería ni acercarse al baño de nuevo. De hecho, Pimienta estaba pensando en ir al baño del restaurante que le quedaba a un par de calles de su casa, con el fin de no usar el de su casa.
Y el remolino al infinito continuaba girando, incansable, en el retrete.
Con el paso de unos días, llegaron a un acuerdo sin palabras: nunca hablaban de ello en público, y sólo hablaban de “eso” mientras caminaban por el parque de la colonia.
También habían dicho los dos que serían muy cuidadosos de que nadie se enterara. Era mucho más fácil salir de ese lugar en silencio que atraer la atención de la gente.
-Voy a terminar cambiándome de casa.- Afirmó Pimienta mirando hacia el suelo terregoso y sucio del parque en que siempre se veían.
Él la miró en silencio. Sabía que no podían hacer nada y reconocía que esta situación se salía de todo lo que podían controlar.
Ni siquiera sabía el nombre correcto del fenómeno.
-Mejor espera.- Dijo finalmente Andrés. -Hay sólo una cosa por hacer.
La besó y salió corriendo del parque.

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Ninguno de los dos sabía en realidad lo que había en el baño porque nunca en sus vidas habían, si quiera, visto algo semejante o sabido de un caso igual. El conocimiento más grande de ciencia que tenían era gracias a que Andrés había visto algunos episodios de Viaje a las Estrellas con una ex novia. Claro que nunca lo admitiría la existencia de una ex frente a Pimienta, pero a veces él hablaba de temas de ciencia como viajes en el tiempo o el holodeck.

En realidad no entendía nada de lo que decía, pero funcionaba perfectamente para impresionar a Pimienta.

Ella, como buena católica, sólo se preguntaba porqué Dios le había mandado un torbellino infernal al excusado. Él como, buen hombre sin idea de pensamiento crítico, no quería ni acercarse al baño de nuevo. De hecho, Pimienta estaba pensando en ir al baño del restaurante que le quedaba a un par de calles de su casa, con el fin de no usar el de su casa.

Y el remolino al infinito continuaba girando, incansable, en el retrete.

Con el paso de unos días, llegaron a un acuerdo sin palabras: nunca hablaban de ello en público, y sólo hablaban de “eso” mientras caminaban por el parque de la colonia.

También habían dicho los dos que serían muy cuidadosos de que nadie se enterara. Era mucho más fácil salir de ese lugar en silencio que atraer la atención de la gente.

-Voy a terminar cambiándome de casa.- Afirmó Pimienta mirando hacia el suelo terregoso y sucio del parque en que siempre se veían.

Él la miró en silencio. Sabía que no podían hacer nada y reconocía que esta situación se salía de todo lo que podían controlar.

Ni siquiera sabía el nombre correcto del fenómeno.

-Mejor espera.- Dijo finalmente Andrés. -Hay sólo una cosa por hacer.

La besó y salió corriendo del parque.

Continuará…

Parte 1

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Hoyo Negro, por Morelos Barros, es el primer cuento que se publica en El Webonauta. La idea es serializar las historias que he escrito a lo largo de los años para que sean leídas y disfrutadas por todo mundo.

Esta obra está protegida bajo la licencia Creative Commons 3.0. La puedes usar como se te pegue la gana, siempre y cuando no ganes dinero con ella y mi crédito esté incluído.

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